Hay dos tipos de personas, las que les gustan las coplas y las que no lo saben aún.

Un piano y un violín al servicio de una imponente voz para cantar y emocionar con las melodías que tantas veces hemos oído a nuestras madres y abuelas. Tesoros de la memoria envueltos en belleza musical. Las coplas siempre han tenido género. No todas, pero muchas sí. Género del bueno, del que quiebra los moldes del momento, del que busca la belleza, da un paso adelante y rompe con las cárceles que nuestra sociedad nos impone. Cárceles de identidades impuestas y de censura.

En trans-fondo de este viaje, se está librando una batalla muy importante, una guerra interna en la que se pone en juego un futuro de libertades individuales y colectivas.

Queremos, siendo hombres cantando como caracoles, decir que no hay canciones sin mensaje, ni mensaje caduco. Que las luchas del ayer son las luchas del presente, un simple cambio de decorado por un anhelo del futuro.

Queremos, como seres vivientes, reivindicar la belleza de lo colectivo y poner el alza la supremacía de las no supremacías, de las combinaciones y alegrías de vida.

Queremos, como caracoles, un poquito más de lluvia.
En cuanto a los sentimientos, cada uno a los suyos, y ya estaría.